Discurso de SS Benedicto
XVI
Al
embajador de Guatemala ante la
Santa Sede
31/05/2008
Señor
Embajador:
1.
Recibo con alegría las cartas que lo acreditan como Embajador Extraordinario y
Plenipotenciario de la
República de Guatemala ante la Santa Sede. Me complace darle la
cordial bienvenida en este solemne acto con el que comienza la misión que le ha
sido confiada, a la vez que le expreso mi gratitud por las palabras que me ha
dirigido, así como por el deferente saludo que me ha hecho llegar de Su
Excelencia, Ingeniero Álvaro Colom Caballeros, Presidente de ese noble país. Le
ruego que transmita mis mejores deseos para él y su Gobierno, asegurando mis
oraciones por la seguridad, el progreso y la armónica convivencia del querido
pueblo guatemalteco.
2.
Se cumple en este año el
XXV aniversario de la primera Visita Pastoral que mi venerado
Predecesor
realizó a esa hermosa tierra «de la eterna primavera». En aquella memorable
ocasión, el Siervo de Dios Juan Pablo II pudo manifestar la solicitud con que
la Santa
Sede ha acompañado a esa Nación en sus diversas vicisitudes,
estando especialmente próxima a ella en los momentos más delicados, para
compartir los desvelos de sus gentes y, sobre todo, para alentarlas a trabajar
con abnegación por el bien común.
Señor
Embajador, me consta que los guatemaltecos corresponden a esta solicitud con una
entrañable adhesión al Obispo de Roma, lo cual contribuye a estrechar los lazos
de amistad que unen desde hace tiempo a su País con la Santa Sede, que tiene en alta
estima estas relaciones fluidas y formula los mejores votos para que las
circunstancias en que vive Guatemala permitan un presente colmado de logros en
los diversos ámbitos de la sociedad y consoliden una base firme para encarar un
futuro prometedor.
3.
La reciente visita ad Limina de los obispos guatemaltecos nos ha brindado
una oportunidad magnífica para conocer más de cerca la vitalidad con que
la Iglesia en
su Nación anuncia el Evangelio, abre vías de esperanza y tiende una mano
fraterna a todos los ciudadanos, preferentemente a los más
desamparados.
Desde
esta óptica, la
Iglesia comparte la preocupación de las autoridades de
Guatemala, como Vuestra Excelencia ha hecho notar, ante fenómenos que afligen a
una gran parte de la población, como la pobreza y la emigración. La rica
experiencia eclesial, acumulada a lo largo de la historia, puede ayudar a
encontrar las medidas para afrontar estos problemas desde una perspectiva
humanitaria y para robustecer la solidaridad, indispensable para lograr
soluciones efectivas y duraderas. En este sentido, a los imprescindibles
programas técnicos y económicos, han de añadirse aquellos otros aspectos que
fomenten la dignidad de la persona, la estabilidad de la familia y una educación
que tenga en cuenta los más importantes valores humanos y cristianos. Tampoco se
ha de olvidar a quienes tuvieron que abandonar su tierra, sin dejar de llevarla
en el corazón. Éste es un deber de gratitud y justicia hacia ellos que, de
hecho, son también una fuente de recursos significativos para la Patria que los vio
nacer.
4.
Otro desafío para Guatemala es remediar la desnutrición de numerosos niños. El
derecho a la alimentación responde principalmente a una motivación ética: «dar
de comer a los hambrientos» (cf. Mt 25,35), que apremia a compartir los
bienes materiales como muestra del amor que todos necesitamos. Como ya señalé en
otra ocasión, «el objetivo de erradicar el hambre y, al mismo tiempo, contar con
una alimentación sana y suficiente, requiere también métodos y acciones
específicas que permitan una explotación de los recursos que respete el
patrimonio de la creación. Trabajar en esta dirección es una prioridad que
conlleva no sólo beneficiarse de los resultados de la ciencia, de la
investigación y de las tecnologías, sino tener también en cuenta los ciclos y el
ritmo de la naturaleza conocidos por la gente de zonas rurales, así como
proteger los usos tradicionales de las comunidades indígenas, dejando a un lado
razones egoístas y exclusivamente económicas» (Mensaje
al Director General de la FAO con motivo de la Jornada mundial de la
alimentación,
4
de octubre de 2007, n. 3).
5.
Este derecho primario a la alimentación está intrínsecamente vinculado con la
tutela y defensa de la vida humana, roca firme e inviolable donde se apoya todo
el edificio de los derechos humanos. Nunca será bastante, pues, el esmero que
hay que poner para atender a las madres, especialmente a las que se hallan en
grave dificultad, de modo que puedan traer a su prole al mundo con dignidad,
evitando así el injustificable recurso al aborto. En este sentido, salvaguardar
la vida humana, en particular la no nacida y ya concebida, cuya inocencia y
desprotección es mayor, es una tarea siempre vigente, con la que está
relacionado, por su propia naturaleza, el facilitar que la adopción de los niños
esté garantizada en todo momento por la legalidad de los procedimientos
utilizados para ello.
6.
El flagelo de la violencia social se agudiza a menudo por la falta de diálogo y
de cohesión en los hogares, por lacerantes desigualdades económicas, por graves
negligencias y deficiencias sanitarias, por el consumo y el tráfico de droga o
por la lacra de la corrupción. Constato con satisfacción los pasos que se han
dado en su Nación en la lucha contra estas tragedias, y que han de continuar,
promoviendo la cooperación de todos para acabar con ellas a través del cultivo
de los rectos valores y el combate a la ilegalidad, la impunidad y el
soborno.
7.
Señor Embajador, antes de finalizar este encuentro, quisiera felicitar a usted y
a su familia, así como a los demás miembros de esta Misión diplomática, y
expresarles mis mejores deseos en el momento en que Vuestra Excelencia vuelve a
asumir la honorable responsabilidad de representar a su País ante
la Santa
Sede. No dude que hallará siempre la ayuda que precise de mis
colaboradores en tan alto cometido.
A
la vez que encomiendo a la maternal intercesión de Nuestra Señora del Rosario al
pueblo y a las autoridades guatemaltecas, suplico fervientemente a Dios que
bendiga y acompañe el camino que está recorriendo su Patria, para que en ella
brillen sin cesar las estrellas de la paz, la justicia, la prosperidad y la
concordia fraterna.
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